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Regresar y Desmitificar a Juárez

Andrés Ortiz Rubio


(Segundo Lugar en el concurso Estatal de Ensayo otorgado por el Sindicato de Maestros al Servicio del Estado de México, durante los XXIX Eventos Culturales y Deportivos del Magisterio Estatal “Lic. Benito Juárez Garía”, Marzo 2006)
I

Los mexicanos estamos en una constante búsqueda. ¿Qué buscamos? Buscamos un país democrático en lo social y lo económico, tolerante, pujante y próspero, sin injusticias y sin violencia, con libertad e igualdad. Queremos encontrar nuestro destino, nuestro desarrollo y modernización. Este deseo no es nuevo; en rigor, inició y se extendió durante el siglo XIX. Fue justo alrededor de la empresa de la Revolución de Independencia cuando dio principio esta constante, apasionada, vehemente —y a veces— intolerante búsqueda. Y sin embargo, los líderes políticos mexicanos no han podido resolver la ecuación en dos centurias, lo que ha derivado en sucesivos fracasos, descalabros, errores y tragedias.

Los primeros pasos del México independiente fueron entre tumbos y titubeos. Sin experiencia y en aras de construir un Estado Nacional libre y soberano, las diversas posiciones políticas existentes trataron de imponer sus programas e ideas. Silvio Zavala describe las posiciones claramente: “Abogados de ideas republicanas aceptaron el modelo estadounidense y los principios igualitarios franceses como la causa generadora de la ‘felicidad’ de las naciones. Los herederos de la tradición colonial, dueños de los bienes agrícolas, industriales y del comercio, defendieron la monarquía o la república conservadora.”(1)

Consolidar una Nación es una empresa complicada, sobre todo cuando el saldo final de la guerra de independencia fue desastroso: un país endeudado, descapitalizado y con la minería abatida, el comercio desalentado y los caminos patéticos. ¿Cómo superar la vulnerabilidad económica y la división política? ¿Cómo se podría asegurar el desarrollo y modernización de un país en estas magras circunstancia políticas y económicas?

Así, la construcción del Estado mexicano estuvo marcada por una lucha fraticida y traumática, llena de traiciones, contradicciones y la pérdida vergonzosa de la mitad del territorio mexicano. En esta época de transición, la disputa por el poder terminó con la derrota de los conservadores y la imposición definitiva del pensamiento liberal en 1867. Sin lugar a dudas, un personaje fundamental para el triunfo liberal fue Benito Juárez.

* * *

En el año 2006 se celebrará el bicentenario del natalicio de Benito Juárez. Por esto, el gobierno federal ha declarado a este año como “2006: Año del Presidente de México, Benito Pablo Juárez García” y, además, a través de la Secretaría de Educación Pública (SEP), se editará y distribuirá entre alumnos de primaria y secundaria el libro de la investigadora del Colegio de México, Josefina Zoraida Vázquez: Juárez, el republicano. Todavía no se empezaba a repartir el libro, cuando desde el suplemento cultural del periódico El Universal (Confabulario) se empezó a criticar el enfoque y el rigor histórico del libro:

“Obviamente la doctora Vázquez es de las personas que todavía creen en la necesidad de mantener a cualquier costo el culto a los héroes que nos han impuesto los historiadores mexicanos inspirados en el ejemplo soviético, que hicieron de Stalin un semidiós. Tales ideas equivalen a que se siga manteniendo al país en la creencia de que sí existen Santa Claus y los Reyes Magos; ahora se impone la necesidad de hacer una revisión total de la historia que la SEP imparte a los indefensos niños mexicanos”.(2)

Estos hechos nos brindan la oportunidad de acercarnos a la vida y obra de Juárez, de aproximarnos a su pensamiento y legado de una forma crítica. Hoy, la historiografía oficial ha convertido a Juárez en una figura mítica, en parte por culpa de la visión simplista que se imparte en las instituciones educativas, en parte por el analfabetismo funcional de la población mexicana.

En el siglo XIX se empezó a despertar el fervor patrio. El discurso del poder (económico, político y cultural) instauró a los símbolos y héroes patrios como una forma de crear los rasgos, identidad y conciencia nacional. Juárez no fue la excepción y ahora se le ha convertido en un fetiche: se le venera con una fe ciega y una idolatría que no está basada en la conciencia y el convencimiento reflexivo. No puede ser de otra forma si la información (o desinformación) sobre Juárez —que maneja un sector numeroso de la población— está compuesta únicamente de lugares comunes. Además, hoy, los héroes nacionales también se ven ensombrecidos en relación con los ídolos deportivos y estrellas hollywoodenses.

Y no es que sea malo tener héroes, despertar el fervor patrio y renovar la conciencia nacional. El problema radica en que se trata de inculcar mágicamente la conciencia ciudadana y no precisamente por vía de la argumentación. La exaltación por Juárez debe de ser producto de la comprensión de la historia para ver qué resolvió y qué problemas nos legó.

A Juárez se le ha enmarcado como el niño zapoteca huérfano, el niño trabajador del campo, el autodidacta, el estudiante de leyes, el político, el gobernador de Oaxaca, el exiliado, el Presidente de la República, el héroe de la Reforma Liberal, el símbolo republicano, el hombre de poder con ideales y principios. El culto a Juárez se construyó a instancias del poder, el partido liberal, los masones y los regímenes priístas(3) . Hoy todavía se recuerda a Juárez; y sin embargo, el México del siglo XXI tiene aún deudas pendientes con el Benemérito de las Américas. La más importante de ellas consiste en que los mexicanos del mundo globalizado necesitan estudiar y entender cabalmente la vida y la obra de Juárez. Pero, como anotamos anteriormente, tenemos que aproximarnos con un carácter crítico para poder conocer, comprender y después poder decidir sobre posibles derroteros.

Así, podemos preguntar: ¿Siguen vigentes las ideas de Juárez? ¿Cuál es la importancia de Juárez en el México globalizado? ¿Juárez tiene alguna importancia después de las reformas salinistas al artículo 130º constitucional?

II

En 1821 México iniciaba su vida independiente y Benito Juárez cumplía 15 años, además, ingresaba al Seminario de Oaxaca para estudiar gramática latina (sin saber gramática castellana). En sus años de adolescencia, Juárez vio las cenizas del periodo colonial y el intento de consolidar una nación independiente. Durante seis años estuvo cursando diversas cátedras en el Seminario. Tiempo suficiente para darse cuenta de su animadversión por la cátedra de Teología. De esta forma emprendió un cambio radical: abandonó el Seminario e inició estudios de jurisprudencia en el Instituto de Ciencias y Artes. Era agosto de 1828. En este colegio civil, Juárez se asomó a las ideas liberales, a la política, a la libertad que produce la verdad y la inteligencia, y, además, sufrió en carne propia la irracionalidad de la política de la iglesia católica y comprendió las arbitrariedades de las clases privilegiadas.

El Instituto y las ideas liberales le cambiarían la existencia. En adelante, su vida fue polémica y vertiginosa. En 1829 se alistó en la milicia cívica al anunciarse una invasión de los españoles por el Istmo de Tehuantepec. En 1831 concluyó su curso de jurisprudencia y pasó a la práctica en un bufete. En principios de 1833 fue electo diputado local en el estado de Oaxaca. En enero de 1834 presentó su examen de Jurisprudencia y así obtuvo el título de abogado. A los pocos días se le nombró Magistrado interino de la Corte de Justicia.

En los años siguientes Juárez confirmó su vocación política y la voluntad de trabajar por un cambio político, social y moral en la joven república. Esta disposición no fue casual, era producto de la comprensión del dramático escenario del país. En el contexto interno, México no lograba consolidarse: no se contaba con estabilidad política, con prosperidad material ni con dignidad para los ciudadanos. Las fórmulas aplicadas hasta el momento sólo habían desencadenado confusión, descomposición y polarización política.

En Apuntes para mis hijos, Juárez retrató claramente la situación interna de la nación: “Estos golpes que sufrí y que veía sufrir casi diariamente a todos los desvalidos que se quejaban contra las arbitrariedades de las clases privilegiadas en consorcio con la autoridad civil, me demostraron de bulto que la sociedad jamás sería feliz con la existencia de aquéllas y de su alianza con los poderes públicos y me afirmaron en mi propósito de trabajar constantemente para destruir el poder funesto de las clases privilegiadas. Así lo hice en la parte que pude y así lo haría el Partido Liberal; pero por desgracia de la humanidad el remedio que entonces se procuraba aplicar no curaba el mal de raíz, pues aunque repetidas veces se lograba derrocar la administración retrógrada reemplazándola con otra liberal, el cambio era sólo de personas y quedaban subsistentes en las leyes y en las constituciones los fueros eclesiástico y militar, la intolerancia religiosa, la religión de Estado y la posesión en que estaba el clero de cuantiosos bienes de que abusaba fomentando los motines para cimentar su funesto poderío. Así fue que apenas se establecía una administración liberal, cuando a los pocos meses era derrocada y perseguidos sus partidarios.”(4)

El frente externo no era más alentador: Si el yugo español había quedado atrás; ahora, la joven nación enfrentaba la amenaza del imperialismo inglés y el pujante expansionismo norteamericano.

Los políticos, la jerarquía eclesiástica, los hacendados y el ejército no resolvieron los escenarios planteados. Además, existía una profunda descomposición en las clases dirigentes: la dignidad de los políticos ambiciosos estaba perdida; el ejército estaba en manos de mercenarios, sin honor y sin patriotismo; la jerarquía católica se vendía al mejor postor. Hoy todavía nadie concibe la profunda desunión de los mexicanos justo cuando se hacía frente a la invasión norteamericana. Un ejemplo claro lo muestra el ominoso contubernio entre los moderados, conservadores y el clero justo cuando el desembarco de la armada norteamericana era inminente.

Es así como estos actores políticos intrigan y conspiran para que la Guardia Nacional no se traslade a Veracruz y, en su lugar, organizaron un levantamiento contra el poder Legislativo y Ejecutivo. El motín, al cual se le denominó la Rebelión de los Polkos, tenía la clara intención de eliminar a los liberales del poder y, en particular, a Valentín Gómez Farías a quien se le consideraba líder del partido. El hecho es que en la cámara de Diputados, los liberales (entre los que se encontraba Juárez) habían maniobrado para facultar al gobierno empeñar bienes de la iglesia para obtener recursos para sostener la guerra contra EU. Desde luego esta medida no le hizo gracia a la jerarquía católica y a numerosos políticos, pero sí acentuaba la embarazosa división interna. Es en este escenario cuando se pierde Texas y vergonzosamente la mitad del territorio.

La carrera política de Juárez continuó: de 1847 a 1852 se encargó de la gubernatura de Oaxaca. Al dejar la gubernatura se le nombró Director del Instituto de Ciencias y Artes y, al mismo tiempo, catedrático de Derecho Civil. En 1853 el Gobierno de Antonio López de Santa Anna lo exilió y se asentó en Nueva Orleáns, donde vivió hasta el 20 de junio de 1855. De allí viajó hacia Acapulco, para sumarse al Plan de Ayutla y unirse a los generales Juan Álvarez e Ignacio Comonfort, que dirigían la campaña contra el poder tiránico de Santa Anna. El objetivo se resumía en establecer un gobierno que permitiera al país vivir dentro de la libertad, igualdad y justicia.

Cuando huyó Santa Anna y Juan Álvarez fue electo Presidente de la República, éste último nombró a Juárez Ministro de Justicia e Instrucción Pública. El triunfo de la revolución de Ayutla comprometía a los vencedores a realizar reformas de las leyes que sustentaron el poder despótico. Entonces, Juárez se ocupó en trabajar la Ley de Administración de Justicia (Ley Juárez), la cual se publicó el 23 de noviembre de 1855. Las reformas se limitaron a extinguir el fuero eclesiástico, militar y todos los demás tribunales especiales.

El mismo Juárez evalúa es significado de los cambios: “Imperfecta, como era esta ley, se recibió con grande entusiasmo por el Partido Progresista; fue la chispa que produjo el incendio de la Reforma que más adelante consumió el carcomido edificio de los abusos y preocupaciones; fue en fin, el cartel de desafío que se arrojó a las clases privilegiadas y que el Gral. Comonfort y todos los demás, que por falta de convicciones en los principios de la revolución, o por conveniencias personales, querían detener el curso de aquélla, transigiendo con las exigencias del pasado...”(5)

* * *

Los liberales en el poder empezaron a trabajar para dar impulso a su filosofía: A la Ley Juárez le siguió la ley de Desamortización de Fincas Rústicas y Urbanas Propiedad de las Corporaciones Civiles y Religiosas (Ley Lerdo, 1856); después, la Ley Orgánica del Registro Civil (1857); y, finalmente, la Ley de Obvenciones Parroquiales (Ley Iglesias, 1857).

En conjunto, estas leyes causaron gran conmoción entre la Iglesia católica. Y serían el detonante de otra lucha intestina entre liberales, conservadores y la jerarquía católica. Para el 5 de febrero de 1857 se promulgó la nueva constitución. Constitución que sería la bandera liberal.

A finales de 1857 Ignacio Comonfort fue nombrado presidente constitucional y Juárez vicepresidente. Debido a una insurrección encabezada por el partido conservadores y los titubeos de Comonfort, en 1858 Juárez comenzó a ejercer como presidente provisional. Entonces los conservadores nombraron a Félix Zuloaga como presidente; así, en la práctica, existían dos Presidentes de la República. De ese año hasta 1860 Juárez sufrió situaciones que le obligarían a huir de la capital y trasladar la nueva sede de su gobierno: Prófugo, primero se estableció en Guanajuato, después en Guadalajara y finalizó en Veracruz.

Es aquí en donde se presenta uno de los puntos grises, cuestionables del gobierno de Juárez: su relación con el extranjero. El triunfo dependía del apoyo del externo. En principio España, la Iglesia católica y el ministro de EU, John Forsyth, apoyaban al gobierno conservador de Félix Zuloaga. Con esa correlación de fuerzas Juárez estaba perdido. Pero los intereses de EU jugaron a favor de Juárez: los norteamericanos retiraron el apoyo a Zuloaga. En adelante vino la debacle conservadora.

Fortalecidos los liberales expidieron una serie de reformas radicales, que confirmaban y ampliaban las establecidas en época de Comonfort: Las Leyes de Reforma que establecían: la nacionalización de los bienes del clero, la institución del registro civil, el matrimonio civil, la secularización de los cementerios y la tolerancia de cultos.

Estas leyes significaron la aceleración del triunfo final del liberalismo mexicano. Las leyes representaban medidas radicales, pero era justo lo que las circunstancias demandaban. En ese sentido, se implantó la tolerancia a través de medidas intolerantes. A partir de este momento inicia la separación y ruptura entre Iglesia y Estado; es en este punto en donde se inscribe la gran aportación de Juárez: la inauguración de Estado laico, el cual terminaba con el monopolio de la fe que ejercía iglesia católica y, con esto, se debilitaba el poderío social, político y económico del clero.

Pero no todo quedó ahí, debido a la situación crítica que vivía el país el gobierno norteamericano aprovechó para fortalecer su política expansionista: negociaron con el gobierno de Juárez el reconocimiento a cambio de concesiones en el territorio nacional. De ahí nació el tratado McLane-Ocampo. En ese tratado “se concedía a los norteamericanos el derecho de tránsito a perpetuidad por el istmo de Tehuantepec; el derecho de tránsito a través de la parte noroeste del país; derecho de proteger las concesiones de tránsito obtenidas con fuerzas militares norteamericanas, previo consentimiento del gobierno mexicano, o , en casos de emergencia, sin él; reserva para México el derecho de soberanía sobre los tránsitos mencionados... pago al gobierno mexicano de cuatro millones de pesos a los derechos otorgados”(6) .

El tratado otorgaba franquicias sobre el territorio nacional. Esto equivalía a un condominio ¿Este tratado se puede considerar una traición a México? ¿Juárez seguía los pasos de Santa Anna? La suerte jugó a favor de Juárez, y no porque fuera muy patriota, sino porque el Senado norteamericano no aprobó dicho acuerdo. De cualquier forma, a Juárez “lo amparaban las barras y las estrellas”(7) .

Juárez venció en 1860 a las fuerzas conservadoras, estableciendo así nuevamente su gobierno en la Ciudad de México. En 1861 fue electo presidente. Pero, los cinco años de guerra civil trajo una profunda crisis financiera en el país, esto obligó a suspender los pagos de la deuda externa. Francia, España y Gran Bretaña, en protesta por la disposición, amenazaron con sus tropas el puerto de Veracruz. Juárez negoció con Gran Bretaña y España, sin embargo, los franceses continuaron en el país y se avanzaron hasta la Ciudad de México. El emperador francés, Napoleón III, en contubernio con los grupos conservadores impusieron a Maximiliano, archiduque de Austria, como emperador de México en 1864. Juárez llevó la capital de la república al norte del país y reorganizó la resistencia militar. En 1867, los grupos liberales sometieron a Maximiliano, por lo que Juárez regresó triunfante al centro del país, donde fue reelegido presidente: se iniciaba la República Restaurada.

* * *

Juárez, el héroe liberal que restauró la República, mostró debilidad por el poder y, en 1871, nuevamente fue seducido por el poder. De esta forma:
 En 1858 ejerció como presidente provisional,
 En 1861 fue electo por primera vez presidente,
 En 1867 fue reelegido al vencer al gobierno de Maximiliano,
 En 1871 se reelige por última vez.

Pero en este instante ya existían varios sectores (incluidos los lierales) en contra de su gobierno; uno de ellos era Porfirio Díaz, militar y político oaxaqueño que 1871 contendió como candidato presidencial. Al ser reelecto Juárez, Díaz encabezó una rebelión en noviembre de ese mismo año. Díaz lanzó el Plan de La Noria y con la proclama "Constitución de 57 y libertad electoral" hizo un llamado al pueblo para oponerse a Juárez.

En este sentido, Díaz representa una doble paradoja: Primero: El Plan de la Noria criticaba: “La reelección indefinida, forzosa y violenta, del Ejecutivo Federal, ha puesto en peligro las instituciones nacionales”(8) . ¿Quién iba a pensar que Juárez serviría de ejemplo para que sucesivos presidentes de la República intentaran eternizarse en el poder? ¿Quién iba a pensar en ese momento que Díaz, años más tarde, se perpetuaría en el poder?

Segunda: En 1906 el Porfirio Díaz autorizó la celebración del primer centenario del natalicio de Benito Juárez. ¿Por qué celebró a quien había criticado con justa razón? ¿Había olvidado lo que había señalado en El Plan de la Noria y ahora intentaba vestir sus reelecciones con el tinte democrático de los juaristas?

Finalmente, Juárez recorrió sus últimos meses pretendiendo terminar con las diferentes insurrecciones y, el 18 de julio de 1872, en Palacio Nacional, el Presidente Benito Juárez emitió su último suspiro.

III

Juárez es una figura medular en la historia moderna de México, es figura central de la generación política de los liberales, en cuya herencia está cifrada buena parte de la compleja estructura ideológica del Estado mexicano contemporáneo: la Constitución de 1857 y las Leyes de Reforma de 1859.

Se podría afirmar que, desde las coordenadas de la historia oficial: el XIX fue el siglo de Juárez, así como fue de Lázaro Cárdenas el siglo XX(9) , por lo menos hasta 1982, año en el que se da una de las rupturas ideológico políticas fundamentales al interior del régimen cuando inicia la época neoliberal.

Si bien es cierto que la gran herencia de Juárez es la secularización y el laicismo (que sirvieron para la consolidación del Estado Nacional), también es cierto que las Leyes de Reforma no se llevaron a la práctica en su totalidad; más bien, los gobiernos entablaron una coexistencia y entendimiento con el clero. Aunque esto no excluyó ni terminó con la pugna entre la Iglesia y el Estado. Es decir, el conflicto se revivía eventualmente. Por ejemplo, en 1917, la jerarquía católica mexicana tachó a la Constitución de tener un espíritu anticlerical. Uno de los artículos más cuestionados fue el 130º, el cual facultaba al Estado para reglamentar el culto. Otro ejemplo es la postura radical de ambos bandos entre 1926 y 1929, dando como resultado la Rebelión Cristera.

Y sin embargo, poco a poco se fueron suavizando las relaciones y prácticamente se le soltaron las riendas a la iglesia católica, lo cual era violatorio del texto constitucional. De esta suerte, se determinó modificar el artículo 130°, como una forma de legitimar lo que acontecía en la práctica. La apertura de México al mundo globalizado y la idea de modernización del presidente Carlos Salinas de Gortari demandaron adecuar el marco jurídico de la Nación. Estas adecuaciones incluyeron el artículo 130°, que regula la relación Iglesia-Estado. Es así que en enero de 1992 se aprobó la Ley de Asociaciones y Culto Público, con lo iniciaba una nueva era entre los representantes del poder público y el poder espiritual. La reforma no suprime la facultad del Estado para reglamentar las actividades de culto y pero realiza transformaciones importantes como el reconocimiento de personalidad jurídica a las iglesias y corporaciones religiosas y el reconocimiento de derechos políticos a los ministros de cualquier culto religioso, para votar y ser votados.

* * *

La divisa de Juárez fue la igualdad y la libertad. Y sin embargo, el neoliberalismo y la globalización no eliminan ni la intolerancia ni las desigualdades. Por eso la importancia de las ideas de Juárez en un país en donde la injusticia, la desigualdad y la exclusión se eternizan; en un país en el cual es un mito que el Estado otorgue las garantías a todos los habitantes del país; y, en donde los ciudadanos viven entre el pesimismo y la desesperanza. Aunque se reconoce a una sociedad heterogénea, todavía no se ha incorporado completamente el reconocimiento de las mujeres, las minorías desdeñadas, los indígenas y los de religiones no católicas.

Uno de los problemas que aún subsisten es la intolerancia religiosa. Siempre que hay una expresión de intolerancia por parte de la iglesia católica se dimensiona la importancia de Benito Juárez. Por ejemplo, cuando el cardenal de Guadalajara, Juan Sandoval Íñiguez asume una posición intolerante y afirma: “Se necesita no tener madre para ser protestante”(10) , es entonces cuando se valora la estructura espiritual, política, social y económica que Juárez heredó a México.

Por eso es importante la comprensión cabal de la vida y la obra del Benemérito de las Américas, el hombre de poder, con aciertos, errores y contradicciones. Hoy, a 200 años de su natalicio, es necesario analizarlo y desmitificarlo; los mexicanos deben adoptar esta postura crítica no sólo con los héroes nacionales, debe de ser una postura ante la vida, pues sólo así podremos construir nuestro futuro.

Finalmente, con todo y que después de la reforma al artículo 130°, la iglesia quiere regresar por sus fueros, con todo y que Vicente Fox quiso defenestrar simbólicamente a Juárez (recuérdese que al inicio de su sexenio, en los Pinos, cambió la imagen de Juárez por la de Madero), con todo y las muestra de intolerancia en diversos ámbitos de nuestra vida, hoy, Benito Pablo Juárez García sigue habitando en nuestra cultura.


Notas


1 Zavala Silvio, La Filosofía Política en las Primeras Décadas Independientes, URL: http://omega.ilce.edu.mx:3000/sites/fondo2000/vol1/breves_apuntes/html/indice.html
2 Ayala Anguiano, Armando. “Benito Juárez: Heroicidad Póstuma”; El Universal, Suplemento Confabulario, No. 86. 10 de diciembre del 2005, pág. 13.
3 Ibid, pág. 13.
4 Juárez, Benito, Apuntes para mis Hijos; Instituto Nacional de Estudios Políticos AC; URL: www.inep.org /content/category/3/70/82/
5 Juárez, op cit.
6 Díaz, Lilia, El liberalismo militante; en Historia General de México, Tomo II, México, Colegio de México,1988, pág. 846.
7 Vasconcelos, José, Breve Historia de México, CECSA, México, 1980, pág. 368.
8 Díaz, Porfirio, Plan de la Noria; URL: http://es.wikisource.org/wiki/Plan_de_la_Noria
9 Carvallo Robledo, Ismael, “Los límites del nacionalismo mexicano y del liberalismo de Benito Juárez desde la crítica de José Vasconcelos”, El Catoblepas, No. 39, mayo 2005. URL: http://www.nodulo.org/ec/2005/n039p04.htm
10 Citado por Monsiváis, Carlos en Notas sobre el destino (a fin de cuentas venturoso) del laicismo en México, Fractal, No. 26, julio-septiembre, 2002. URL: http://www.fractal.com.mx/F26monsivais.html